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Responsabilidad Afectiva en tus relaciones. Qué es y en qué te puede ayudar



Le preguntas a tu amigo, amiga, pareja, hermano o hermana… a qué hora quedáis hoy. Aclaráis la hora, pero al decidir el sitio no os ponéis de acuerdo y, en menos de un minuto, estáis discutiendo por algo que luego os parecerá una tontería.


¿Qué es lo primero que se te pasa por la cabeza para solucionar esto?


Puedes echarle en cara que siempre vais donde él o ella quiere, puedes intentar encontrar algo que os apetezca a los dos o también puedes ceder.


Es un ejemplo muy cotidiano, pero igual de cotidiana que debería ser la responsabilidad afectiva en las relaciones con los demás. Y cada vez se escucha más hablar de este término. Pero ¿sabes realmente de qué se trata?


Si te quedas leyendo este artículo, te contaré qué es la responsabilidad afectiva, cómo podemos ser responsables efectivamente en nuestras relaciones, qué no es responsabilidad afectiva y en qué nos puede ayudar a la hora de relacionarnos con los demás.


Responsabilidad afectiva


¿Qué significa "responsabilidad afectiva"?


La responsabilidad afectiva es hacernos cargo de los vínculos o relaciones que generamos con las personas.


No hace falta que esa relación tenga un nombre o una etiqueta. De hecho, puedes pensar en cualquier tipo de relación con la persona que quieras. Es más sencillo pensar en relaciones de pareja o de amistad, pero también está presente en relaciones familiares o incluso de trabajo.


La responsabilidad afectiva debe nacer en el momento en el que te vinculas con una persona y comienzas una relación (de cualquier tipo).

Ser responsable afectivamente en una relación implica expresar de forma clara tus intenciones y expectativas de la relación con la persona con la que te vinculas.


Implica ser consciente de que, en toda relación afectiva que establezcas, tus actos, reacciones o palabras pueden tener un impacto en los demás y puede afectarles.


Esto va muy de la mano de la construcción de relaciones sanas. Ayuda a que las personas involucradas en una misma relación sean responsables con su expresión emocional, sus actos y su comunicación. Hace que las personas cuiden de la relación que están estableciendo.


Crea el espacio que te permite expresar tus emociones, pensamientos, necesidades u opiniones sin hacer daño a los demás y respetando las emociones, pensamientos, necesidades u opiniones del otro.


¿Cómo se consigue esto?


Se trata de hacerte responsable de lo que sientes o piensas y de la forma en la que expresas tus emociones o ideas.


Consiste en ser consciente de que la relación que estableces con la persona a la que se lo expresas debe ser cuidada, así como debes cuidar lo que siente y necesita esa persona.


¿Cuál sería la clave para relacionarte desde la responsabilidad afectiva?

Para entender la clave de la responsabilidad afectiva puedes imaginarte un continuo.


En un extremo estaría el egoísmo y en el otro extremo la sobreprotección. ¿Qué quedaría en el centro? Eso es, la responsabilidad afectiva.

Te pondré un ejemplo de una misma situación desde cada punto de la recta:


Comienzas a conocer a una persona. Tras unos días hablando y quedando con ella, sientes que no encajáis tanto como pensabas. Decides que lo mejor es dejar ahí la relación y no seguir conociéndoos. ¿Qué haces?


A. Dejar de hablar con esa persona, no contestar sus mensajes ni llamadas.

B. Quedar con ella para hablar de la situación, de cómo te sientes y de tu decisión de dejar de conoceros.

C. No decirle nada, seguir hablando y quedando por miedo a hacerle daño.


Si eliges la opción A, te irías de cabeza al extremo del egoísmo, poniendo por delante tus necesidades y dejando de lado las de la otra persona.


Si decides la opción C, estarías sobreprotegiendo a la persona para evitar que sufra y estarías actuando en contra de tus sentimientos.


Sin embargo, si actúas conforme a la opción B, estarías siendo responsable afectivamente con el vínculo que has creado con esa persona.

Has decidido que lo mejor es interrumpir la relación, por lo que le comunicas lo que sientes y piensas de forma sincera, dando oportunidad a que la otra persona te escuche y pueda expresarse también.


En este ejemplo se vería claramente como la responsabilidad afectiva no consiste en evitar siempre el sufrimiento de la otra persona, puesto que a veces es inevitable hacer daño a los demás si quieren o necesitan cosas diferentes a lo que quieres tú.


De lo que se trata es de evitar un sufrimiento innecesario: al ignorar sin dar explicaciones a esa persona o al continuar con la relación aunque no sientas lo mismo.



Qué SÍ es responsabilidad afectiva

La responsabilidad afectiva se compondría de los siguientes elementos:

  • Empatía: saber percibir que la otra persona siente y piensa dentro de la relación, al igual que tú, y saber tenerlo en cuenta.

  • Comunicación sana y asertiva: hablar con la otra persona de forma clara y sincera. Comunicar lo que te molesta, pedir perdón cuando haces daño u ofendes.

  • Expresión emocional: ser capaz de expresar lo que sientes hacia la otra persona, lo que la propia relación te hace sentir, tus expectativas y preocupaciones sobre la relación.

  • Escucha activa: prestar atención al otro y hacer que se sienta escuchado y tenido en cuenta.

  • Cuidado mutuo: cuidar la relación y garantizar mutuamente el bienestar, establecer límites sanos de forma consensuada.

  • Responsabilidad: entender y ser conscientes de que tus acciones tienen un impacto y unas consecuencias en los demás.


Qué NO es responsabilidad afectiva

No confundir responsabilidad afectiva con:

  • Mentir: ocultar información para proteger al otro, evitar hacerle daño o evitar discusiones.

  • Ambivalencia: no ser coherentes con tus sentimientos, no expresarlos con claridad, provocar que la otra persona se ilusione sobre algo que no quieres hacer.

  • No validar: no permitir que la otra persona se exprese dentro de la relación

  • Traspasar límites: actuar de forma contraria a la previamente acordada con la persona.

  • Sobreproteger: hacerte cargo de las emociones de los demás para evitar su sufrimiento.


Beneficios de la responsabilidad afectiva

Algunos de los beneficios que la responsabilidad afectiva tiene sobre las relaciones son:

  • Construcción de relaciones sanas y vínculos fuertes.

  • No deja hueco para sentir culpa, ya que asumes la responsabilidad de tus actos y tienes en cuenta las emociones y necesidades del otro.

  • Las discusiones pueden existir, pero se tiene herramientas y habilidades para encontrar una solución que agrade a las personas de la relación.

  • Evita malentendidos y crea espacios seguros donde poder hablar de preocupaciones, expectativas y necesidades.

  • Hace que te sientas respetado y seguro dentro de la relación.


Se habla cada vez más de responsabilidad afectiva, pero no porque sea un término nuevo que antes no existiera, sino porque tal vez cada vez se da más valor e importancia a la necesidad de que las relaciones se construyan desde el respeto y la comunicación sana.


Puedes llegar a escuchar a amigos, conocidos o desconocidos ilusionarse por ciertos actos o palabras que recibe de otra persona. Un ejemplo sería: “me va muy bien con esta persona y es muy buena conmigo, hoy me ha preguntado que qué tal estoy”.


Es bueno tener en cuenta los actos de cariño y atención que recibimos de las personas a las que les importamos.


Pero, cuidado, porque no debemos caer en idolatrar actos que son normales y básicos para la construcción de una relación afectiva sana (como preguntar “qué tal”).


Cuando iniciamos una relación afectiva de cualquier tipo con cualquier persona, las bases de dicha relación deben ser el amor y el respeto. Y nada debe hacerte dudar de ello.


Lo normal y lo sano es que te acuestes sintiendo que mañana esa persona te seguirá apoyando, respetando y queriendo.

En estas relaciones los errores y los fallos están permitidos por el simple hecho de que fallar es humano. Pero la responsabilidad afectiva te permite rectificar, pedir disculpas y encontrar una solución que agrade y satisfaga a ambos miembros.



 

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